Hōkyō Zanmai hokyo

El Hokyo Zanmai, el Samadhi del espejo precioso, nos invita a descubrir la realidad tal como es: íntima, completa e imposible de separar de nosotros. En este taller de meditación zen escucharemos, sentados en zazen, los versos atribuidos al maestro Dongshan Liangjie y dejaremos que la imagen del espejo ilumine la relación entre unidad y dualidad, vacuidad y forma, despertar y vida cotidiana.

Hokyo Zanmai, el samadhi del espejo precioso

Sin error, sin duda, así es el Dharma.
Los budas y maestros de la transmisión no han hablado de él.
Sin embargo, vosotros lo hacéis realidad aquí y ahora.
Por eso os lo ruego: protegedlo con fuerza.

Con estos versos comienza el Hokyo Zanmai (Hōkyō Zanmai 寶鏡三昧), uno de los poemas fundamentales de la tradición Caodong, conocida en Japón como Zen Sōtō. Su título se traduce como Samadhi del espejo precioso. El poema no describe ningún estado especial de conciencia, ningún estado extraordinario separado de la vida. Habla de una manera de ver cada cosa que se manifiesta tal como es y, al mismo tiempo, en relación con todas las demás.

El espejo no elige lo que refleja: acoge la luz y la oscuridad, el movimiento y la quietud, aquello que nos gusta y aquello que querríamos evitar. No se aferra a ninguna imagen ni rechaza ninguna.

Pero ¿qué significa mirar nuestra vida como en un espejo precioso? ¿Cómo podemos reconocer la unidad sin borrar las diferencias? ¿Y cómo podemos vivir las diferencias sin convertirlas en separación y conflicto?

En este taller escucharemos el Hokyo Zanmai desde la experiencia de zazen. No se tratará de interpretar un poema antiguo, sino de dejar que sus imágenes orienten la postura, la respiración y la manera en que nos relacionamos con cada situación.

El espejo que no retiene nada

Cuando nos miramos en un espejo, la forma y el reflejo aparecen juntos. No son lo mismo, pero tampoco pueden separarse. El poema utiliza esta imagen para expresar una experiencia central del Zen: no somos una entidad aislada frente al mundo, pero tampoco desaparecemos dentro de una totalidad indiferenciada.

«Como ante un espejo precioso, la forma y el reflejo se contemplan. Esto soy yo, pero yo no soy esto».

Durante zazen podemos observar directamente esta relación. Sentimos el cuerpo, los sonidos, la respiración y los pensamientos. Cada fenómeno tiene su forma particular, pero ninguno existe por sí solo. La respiración depende del aire; el cuerpo, de la tierra y de los alimentos; nuestra identidad, de todas las relaciones que nos han constituido.

La práctica no nos pide que neguemos la individualidad. Nos ayuda a dejar de confundirla con una existencia separada y fija. Como el reflejo en el espejo, somos plenamente nosotros mismos y, al mismo tiempo, inseparables de todo lo que aparece.

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La talidad: las cosas tal como son

l poema habla del Dharma de la talidad, es decir, de la realidad tal como es antes de que la dividamos con nuestros juicios. Esto no significa contemplar el mundo pasivamente ni aceptar la injusticia. Significa verlo con suficiente claridad para no confundir los hechos con las proyecciones, los miedos y los deseos que añadimos.

Cuando practicamos zazen no intentamos fabricar una experiencia perfecta. Volvemos a la postura y a la respiración, y dejamos que cada fenómeno sea exactamente lo que es: un pensamiento es un pensamiento, una emoción es una emoción, un sonido es un sonido. No es necesario expulsar nada ni convertir nada en una identidad.

Esta intimidad con la experiencia nos permite responder con mayor libertad. Ver las cosas tal como son no nos inmoviliza; nos ayuda a actuar sin quedar completamente arrastrados por las reacciones habituales.

La unidad no elimina las diferencias

Uno de los grandes temas del Hokyo Zanmai es la relación entre lo absoluto y lo relativo. Desde el punto de vista de la unidad, todos los fenómenos comparten la misma naturaleza vacía e interdependiente. Desde el punto de vista de la diferencia, cada ser, cada encuentro y cada instante son únicos.

Si nos aferramos únicamente a la diferencia, el mundo se fragmenta entre el yo y los demás, ganadores y perdedores, amigos y enemigos. Si nos aferramos únicamente a la unidad, podemos ignorar las circunstancias concretas, el sufrimiento y la responsabilidad. El poema nos invita a no quedar atrapados en ninguno de los dos extremos.

En la práctica, unidad y diferencia se iluminan mutuamente. Precisamente porque no estamos separados de los demás, cada diferencia importa. Y precisamente porque cada uno ocupa un lugar irrepetible, podemos contribuir al bien de todos desde nuestra situación concreta.

La luz en la oscuridad, la oscuridad en la luz

El Hokyo Zanmai juega con imágenes de claridad y oscuridad. La luz puede representar la diversidad que se hace visible; la oscuridad, la unidad en la que las distinciones dejan de dominarnos. Ninguna de las dos es superior a la otra.

Nuestra vida también alterna comprensión y confusión, confianza y duda, apertura y resistencia. La Vía no consiste en instalarnos para siempre en un lado luminoso. Cuando dejamos de luchar contra la oscuridad, podemos descubrir profundidad en ella; cuando aparece la luz, no necesitamos apropiárnosla. Esta es una buena enseñanza para los momentos difíciles. La práctica no promete que todo será claro, sino que podemos continuar presentes sin abandonar ninguna parte de la experiencia.

Una enseñanza para la vida cotidiana

A menudo miramos la realidad como si fuera un espejo que tuviera que confirmar la imagen que tenemos de nosotros mismos. Buscamos aprobación, rechazamos las críticas e interpretamos cada situación desde nuestras expectativas. Cuando el reflejo no coincide con lo que querríamos ver, aparecen la frustración y el conflicto.

El espejo precioso funciona de otra manera. Refleja sin añadir y deja pasar sin retener. Practicar con esta imagen nos ayuda a escuchar sin preparar de inmediato una respuesta, a reconocer una emoción sin obedecerla y a actuar sin convertir el resultado en una medida de nuestro valor.

No se trata de volvernos fríos o indiferentes. Al contrario: cuando el yo deja de ocupar todo el espejo, podemos ver mejor las necesidades de los demás y responder con mayor sabiduría y compasión.

Dongshan y el Hokyo Zanmai

La tradición atribuye el Hōkyō Zanmai al maestro chino Dongshan Liangjie (807–869), conocido en japonés como Tōzan Ryōkai y considerado uno de los fundadores del linaje Caodong. El poema se ha transmitido durante siglos unido a su nombre y a su enseñanza sobre la talidad y los cinco grados. Sin embargo, la investigación histórica moderna señala que el texto solo aparece documentado más de dos siglos después de la muerte de Dongshan y que no se puede confirmar su autoría material.

Esta prudencia histórica no disminuye el valor del poema: nos permite distinguir entre lo que podemos documentar y la manera en que la tradición lo ha recibido, practicado y transmitido. Para conocer la vida, los diálogos y la enseñanza del maestro, podéis leer la biografía de Dongshan Liangjie.

Podéis encontrar la versión completa del Hōkyō Zanmai comentada por Lluís Nansen en su libro Dharma Zen, el ojo de la maravillosa revelación, publicado en 2019 por ediciones invisibles, Barcelona.

Taller de meditación zen con el poema Hokyo Zanmai

Fecha: sábado 14 de noviembre
Horario: de 17:00 a 19:00
Modalidad: presencial en Zen Kannon Barcelona y en línea por Zoom
Duración: dos horas

Durante el taller de meditación con un poema zen alternaremos zazen y kinhin. Durante zazen, el maestro zen Lluís Nansen ofrecerá una enseñanza o kusen basada en el Hōkyō Zanmai. Escucharemos el poema desde el cuerpo y la quietud, explorando sus imágenes sin separar el estudio de la experiencia.

El taller forma parte del curso de meditaciones con poemas y koans zen y es adecuado tanto para quienes empiezan como para practicantes con experiencia.

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