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Hui Neng es uno de los maestros más importantes de la historia del Zen. Vivió en China entre los años 638 y 713, y es conocido como el sexto Ancestro del Chan, la tradición de la que procede el Zen. Su biografía no puede verificarse por completo mediante documentos históricos. El Sutra de la Plataforma y los relatos posteriores mezclan recuerdos, enseñanzas e historias transmitidas a lo largo de los siglos. Pero la vida que nos cuentan tiene una gran fuerza: Huineng nos muestra que podemos seguir humildemente la Vía en las circunstancias más adversas.

Hui Neng: el humilde leñador que transformó el Zen

La enseñanza del Zen había comenzado en China con la llegada de Bodhidharma. Durante los primeros años se transmitió de maestro a discípulo, a través de un frágil hilo que estuvo a punto de desaparecer en más de una ocasión. No fue hasta la aparición de Huineng (Eno en japonés) cuando el Zen se expandió en todas direcciones. Quien llegaría a ser el sexto Ancestro transformó para siempre la manera de entender el Zen.

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Un vendedor de leña escucha el Sutra del Diamante

Según la tradición, Hui Neng creció en una familia pobre del sur de China. Su padre murió cuando él era pequeño, y recogía y vendía leña para ayudar a su madre. No había ido a la escuela ni sabía leer los sutras.

Un día, mientras hacía un encargo, oyó a un hombre recitar el Sutra del Diamante. Las palabras hablaban de la mente que no se fija en ninguna parte, y eso lo impresionó profundamente. ¿Qué significa vivir sin aferrarnos a lo que pensamos, sentimos o deseamos? Hui Neng quiso comprenderlo y decidió ir a buscar a Hongren, el quinto Ancestro del Chan.

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En el monasterio, Hui Neng muele arroz

Cuando llegó al monasterio, Hongren le preguntó de dónde venía. Al saber que era del sur, le hizo una pregunta despectiva: ¿cómo podía un hombre de aquella región aspirar a ser buda? Huineng respondió que los cuerpos y los lugares de origen pueden ser diferentes, pero que la naturaleza de buda no distingue entre las personas.

Hongren lo admitió, pero lo envió a moler arroz. Durante meses, Huineng realizó una labor dura y repetitiva, lejos de las discusiones de los monjes más instruidos. No ocupaba ningún cargo importante ni tenía conocimientos de los que presumir. En aquel trabajo cotidiano continuaba su práctica.

Esta historia de Hui Neng nos ayuda a recordar que hacer zazen y atender las necesidades de la comunidad forman parte de una misma Vía. El samu, el trabajo voluntario realizado con atención plena, es una expresión de nuestra comprensión de la Vía.

Los dos poemas del espejo

Hongren pidió a sus discípulos que expresaran en un verso su comprensión de la mente. Todos esperaban la respuesta de Shenxiu, el monje principal. Él comparó la mente con un espejo que debe limpiarse constantemente para que el polvo no se deposite sobre él.

«El cuerpo es el árbol de la iluminación,
la mente es como un espejo brillante;
hay que limpiarlo constantemente
para que el polvo no se deposite sobre él».

Huineng oyó recitar el poema mientras trabajaba. Como no sabía escribir, pidió a otro monje que anotara su respuesta en la pared. Su verso cuestionaba que hubiera un árbol del despertar o un espejo fijo al que el polvo pudiera adherirse. Si nos aferramos a la idea de un yo que debe llegar a ser perfecto, seguimos atrapados en esa misma idea.

«No hay árbol del Bodhi
ni espejo brillante;
desde el principio no hay nada:
¿dónde podría posarse el polvo?».

Los dos poemas nos hablan de la práctica desde perspectivas diferentes. Shenxiu nos recuerda la necesidad de clarificar la mente día tras día. Huineng nos invita a ver que el despertar no es un objeto que podamos obtener después de habernos purificado. Una comprensión súbita no elimina la práctica cotidiana; la transforma.

Este debate poético simboliza dos maneras de entender la práctica: gradual y súbita, que finalmente el Zen verá como complementarias. No se trata de limpiar la mente para llegar a ser alguien diferente de quien somos, sino de ver, aquí y ahora, la naturaleza despierta de nuestra mente.

La transmisión del Dharma

Según el Sutra del estrado, Hongren reconoció la comprensión de Hui Neng, lo llamó de noche y le transmitió la enseñanza junto con el manto del linaje. Después le recomendó que se marchara, porque aquella transmisión podía provocar envidias entre los demás monjes.

Huineng huyó hacia el sur. El relato dice que algunos hombres salieron a perseguirlo para quitarle el manto. Huiming, que había sido militar, lo alcanzó en un paso de montaña. Huineng dejó el manto sobre una roca. Pero Huiming acabó pidiéndole una enseñanza.

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La huida hacia el sur

Huineng lo invitó a abandonar por un momento las ideas del bien y del mal y a mirar directamente su naturaleza original. Aquel hombre había subido a la montaña para conseguir un símbolo de la transmisión y descubrió que el Dharma no se puede coger como se coge un objeto.

Es una de las historias más bellas asociadas a Huineng, porque cambia el sentido de la persecución: donde podía haber habido una lucha, hay un encuentro entre maestro y discípulo.

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El viento, la bandera y la mente

Tiempo después, Hui Neng llegó a un templo donde dos monjes discutían ante una bandera que ondeaba. Uno decía que se movía la bandera; el otro, que se movía el viento. Huineng les respondió que era su mente la que se movía.

No les estaba diciendo que el viento no existiera. Los invitaba a observar qué sucedía mientras defendían sus opiniones. Es fácil quedarse enganchado en una discusión y no ver la situación real tal como es. La práctica del zen nos permite darnos cuenta de que la mente es un fluir que no se estanca en ningún punto de vista u opinión.

Según la tradición, el maestro Yinzong oyó hablar de aquel intercambio, reconoció a Huineng y presidió su ordenación como monje. El joven que había llegado al monasterio para moler arroz comenzaba ahora a enseñar públicamente.

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¿Qué nos enseña hoy Hui Neng?

Hui Neng insiste en que la naturaleza de buda está presente en todos los seres. También enseña que meditación y sabiduría, (samadhi y prajna), no son dos cosas separadas. No meditamos para acumular méritos y recibir la sabiduría más adelante: cuando practicamos sin aferrarnos a los pensamientos, podemos ver con más claridad y actuar de otra manera.

Por eso, el «no-pensamiento» del que habla Hui Neng no significa dejar la mente en blanco. Los pensamientos aparecen y desaparecen. La cuestión es si los seguimos ciegamente o si podemos dejarlos pasar y volver a lo que estamos haciendo. Esta experiencia es cercana a la práctica de zazen y a la atención en las actividades cotidianas.

La tradición cuenta que, poco antes de morir, Huineng aún reunió a sus discípulos para enseñarles. Murió en el año 713, pero sus relatos siguieron circulando y el Sutra del estrado se convirtió en uno de los textos fundamentales del Budismo Zen.

¿Qué podemos aprender de su vida? Quizá, sobre todo, a no aplazar la práctica esperando unas condiciones ideales. Hui Neng escuchó el Dharma mientras trabajaba, molió arroz en el monasterio y encontró una ocasión para enseñar incluso a un hombre que lo perseguía. Nosotros también podemos practicar cuando nos sentamos en zazen, cuando trabajamos, cuando escuchamos a alguien o cuando descubrimos que nos hemos aferrado a una opinión. La Vía comienza en este momento.

Nansen
Autor de Zen Mediterrani, el despertar universal